El 18 de marzo (de 2019) se cumplen 60 años de la alternativa del Faraón de Camas en la Feria de Fallas de Valencia. El maestro repasa y recuerda su trayectoria vital y artística

La memoria conserva todos los detalles. No se trata de datos ni de números sino de vivencias y sensaciones. Una manera de respirar, de sentir y de vivir. La única forma posible de andar por el mundo. Una filosofía que da sentido a la vida. Han pasado 60 años pero los recuerdos de Curro Romero permanecen intactos. El 18 de marzo de 1959 fue miércoles. Hubo tres cuartos de entrada en la plaza de toros de Valencia. Un novillero de Camas con mucho ambiente tomaba la alternativa en plena Feria de Fallas. La mascletá currista estaba a punto de estallar. Aquel día comenzaba una brillante e inigualable carrera como torero que llenaría de ilusiones y anhelos a sus partidarios durante más de cuatro décadas
¿Qué piensa al echar la vista atrás?
Me repito mucho en esto pero para mí estos 60 años de alternativa han sido un visto y no visto. A mí se me ha pasado el tiempo a una velocidad tremenda. Yo que soy un hombre más bien «templaete» pienso que ha sido muy rápido.
¿Qué recuerda de aquel día?
Como todos los toreros tenía una ilusión tremenda por tomar la alternativa tanto es así que la tomé en Valencia y la podía haber tomado en Sevilla. La quería ya porque después iba el Domingo de Resurrección a Málaga y a dos corridas que tenía hechas aquí en Sevilla. Con tres corridas metidas ya en el cuerpo encajaba más las cosas.
Si retrocediera en el tiempo, ¿esperaría a tomarla en Sevilla?
Sí, sí, creo que haría lo mismo porque estaba deseando torear antes de venir a Sevilla. El apoderado tuvo la habilidad o la inteligencia para que cuando vine a la Maestranza tuviera más moral. Era bueno para mí, para mi cabeza porque a veces a uno le falla.
¿Quién era su apoderado?
Era de Córdoba, Diego Martínez, que había llevado a Martorell. Se movíabien y sabía cómo encontrarte cosas para torear.
En tres meses se doctoró, se presentó en Sevilla y confirmó en Madrid.
Sí la confirmación fue muy agradable igual que la alternativa que la tomé con Gregorio Sánchez y Jaime Ostos que estaban de moda, eran sus principios. Y en Madrid, figúrate, la reaparición de Pepe Luis Vázquez y su hermano Manolo de testigo. Me dio una moral tremenda, yo era partidario de ellos de toda la vida y así estaba que no cabía en el pellejo.

Días bonitos pero sin triunfos.
La corrida se suspendió en el tercer toro porque no se podía más de agua, había caído el diluvio. No pasó nada porque la plaza estaba impracticable. Ese cartel luego se repitió en Madrid en la Feria de Otoño y menos mal que estuve bien. Me habían echado un toro para detrás y salió uno de Alea. Decía el dicho «De Alea ni los veas», pero estaba empezando y con doce o catorce pases me dieron una oreja con mucha fuerza. El toro tenía poquitas pero fue bueno. Tuve esa suerte
¿Cómo hacen los toreros para recordar las faenas?
Las cosas bonitas que te pasan se quedan grabadas. Lo bueno hay que recordarlo siempre, a lo malo hay que darle puerta.
¿Estuvo nervioso el día de su alternativa?
Siempre lo está uno pero la corrida no embistió para hacer otras cosas. No pasó nada así que fue una más.
¿Se acuerda de la cornada que sufrió Jaime Ostos?
Eso no lo recuerdo, la verdad, será eso que he dicho que hay que olvidar lo malo.
¿Conserva el traje con el que se hizo torero?
Está en la peña que tengo en Camas, se lo di para que lo tuvieran ellos. Era color caña. Siempre he intentado cuidar la ropa de torear, sacar trajes bonitos que no te duela la vista al verlos.

Llegó a la alternativa con mucho ambiente, ¿había ganas de ver a Curro Romero?
Sí, en septiembre del año 58 toreé unas novilladas en Valencia y estuve bien por eso tomé la alternativa allí. Me despedí de novillero en Castellón en el año 59.
En Sevilla también causó sensación, en su debut de novillero con «Radiador», de Benítez Cubero, el 26 de mayo del 57.
Después de haber salido varias veces por la Puerta del Príncipe los aficionados me decían que todavía no había toreado como de novillero. Y yo me preguntaba cómo había toreado. No lo sé, sería que con las ganas que tenía de torear hice cosas muy puras, y aunque siempre he intentado torear puro, aquello era más. Cuando era nuevo, de chiquillo, tenía una entrega tremenda. La pureza y la verdad tienen mucha fuerza. Eso se queda en la retina.
Hoy, al empresario de Sevilla no se le habría escapado su alternativa.
Habría sido lo ideal pero yo tenía esas corridas, la afición de Sevilla no se enfada por eso ni mucho menos.
Me repito mucho en esto pero para mí estos 60 años de alternativa han sido un visto y no visto.
Estuvo cuarenta años toreando. ¿Cree que es una marca imposible?
Eso no se lo propone uno, viene así sobre la marcha. De lo que sí tiene culpa uno es de seguir con la misma ilusión, como si empezaras, y si no se pierde se transmite a la afición. Ellos mantenían conmigo la misma ilusión y me sabían esperar a ver si les podía dar aquello que iban buscando. De vez en cuando salían las cosas.
¿Cómo era cuando no salían?
Era tremendo porque la gente siempre quiere verte bien pero el toreo no depende de uno, mayormente depende del toro, si te ayuda y te obedece. El toro bravo es noble y así surgen las cosas, pero desafortunadamente eso no sale todos los días. Creo que si saliera todos los días habría momentos de aburrimiento, las cosas buenas tienen que ser de cuando es cuando.
Curro Romero es torero. De Arte y majestad, como le cantó Camarón. La esencia, como sentenció Antonio Burgos. Curro habla de la magia y del misterio del toreo. ¿Volvería ser torero?
He sufrido y he gozado mucho. Repetiría otra vez con los ojos cerrados. Ser torero es una cosa que no se puede explicar, es tan distinto a todo cuando se hace de esa forma, con sentimiento y con armonía… Creo que el toreo es el único espectáculo que existe de verdad y es puro. Cuando el toro te coge es para reventarte, se está masticando la tragedia y que llegue un ser, un torero, yo o cualquiera, que te llegues al olvidar de la tragedia que se mastica y consigas que aquello sea alegre, que te levantas y no sabes por qué, que te salen unos oles de lo más hondo de tu cuerpo, nada más que pasa en el toreo. ¡Y qué suerte el torero que lo haga!
¿Piensa todavía en torear?
Hablaba conmigo mismo y me preguntaba hasta cuándo iba a estar porque sabía lo que me jugaba, mucho más que un triunfo o un fracaso, me jugaba la vida. Un torero que se entrega a un toro potente y que te embista con fuerza, que llegues a templarlo a esa velocidad, corre el riesgo de que un toro te eche mano y te pueda quitar de en medio. Es muy grande y muy bonito.
¿Habla del veneno del toreo?
Sí, eso es arte, claro que lo es, tienes la sensibilidad a flor de piel. En mi época había muchos toreros que salíamos del barro toreando, pero luego te das cuenta de que económicamente te bandeas bien pero se te olvida todo y quieres al toro. Ahí es donde disfrutas de la vida, más que de comer. ¿Hasta cuándo Curro, otro año más? Mi madre, que no era taurina, me lo preguntaba porque quería quitarme de ese peligro. Cuando llegó el momento que me tuve que ir, le agradezco a Dios que me iluminara porque tenía ilusión, pero las facultades faltan. El pensamiento es grande, puede más que tú y quiere llevarte a esos momentos mágicos.
¿Cómo es ver los toros desde el tendido?
Hay muchos toreros a los que me gusta ver y aunque en el tendido también se pasa miedo, mi cuerpo se emociona cuando estoy viendo a un torero torear largo y templado. Disfruto.
Ha triunfado y cortado muchas orejas pero nunca le dio importancia. ¿Cree que se valoran demasiado en la actualidad?
Creo que lo bueno es que la gente salga de la plaza toreando y hablando de ti, que bien o qué mal has estado pero que no salgan aburridos. Nunca he provocado a nadie para que me tiraran almohadillas pero había toros que no los veía y no daba lugar a que me pidieran que lo matara. Yo tenía que sentirme con un toro bravo y de exposición que es lo que llega. La exposición es la verdad y la pureza.
¿Hasta cuándo Curro, otro año más? Mi madre, que no era taurina, me lo preguntaba porque quería quitarme de ese peligro
¿Hay miedo a las broncas?
Claro, pero las broncas se las pegan a los toreros a los que el público ha visto hacer las cosas bien y con los que ha disfrutado. La técnica es necesaria pero hay que olvidarse de ella con los toros buenos; con los toros malos, ni la técnica ni el arte sirven.
Su respeto a la profesión y a los toreros le hace evitar las polémicas aunque conoce el sistema. «Los toreros parace que tienen miedo a los empresarios pero aquí solo hay que tenerle miedo al toro. Hay que mirar un poco más por todos, tiene que haber más compañerismo».
¿Y qué pasa con el aficionado?
Los aficionados son los que pueden cambiar la situación. Pueden decidir no ir a la plaza porque no van los toreros que les gustan. Y aquí el que se va no vuelve.
¿Qué siente ahora al volver a la Maestranza?
En los medios y hasta con la plaza vacía te entra por tu cuerpo una cosa extraña. Tiene una personalidad y una vida… es única. Sevilla es la que me parió y la que me mantuvo, sin duda.
¿Qué es lo que echa más de menos de no torear?
Eso mismo, no torear. Se lo digo a gente que escribe muy bien, a pintores que, aunque sus cuadros no valgan millones, saben de qué va el arte. Les digo que tienen mucha suerte de estar con 80 y 90 años, si la cabeza está bien, derrochando arte por los cuatro costados. Y eso que lo mío fue como un milagro, tanto tiempo exponiendo, con una edad, y olvidarte de que te puede pasar algo feo. Y más difícil es tener una legión de aficionados que te sigan y que esperen. Aquí no se despide nadie es que te echan. El que mantiene una afición… eso es nacer con la suerte más grande del mundo. No existe un hombre con más suerte que yo. ¡Qué maravilla!
«A veces me digo, ¿Yo he toreado? ¿He sido torero?»
Curro Romero es Medalla de Andalucía, de las Bellas Artes y Premio de Cultura de la Universidad de Sevilla y sobre todo una persona sencilla y agradecida. Lo ha conseguido todo y conserva una humildad tan grande como sus triunfos.
.«Siempre lo he visto tan natural todo que no me creo nada. A veces estoy viendo una corrida de toros y me digo ¿Yo he toreado? ¿He sido torero? Es tremendo. Hasta que salía un toro malo lo veía todo tan normalito, que pensaba que todo era sentir y transmitir. Ese el mensaje mío, no he mirado nunca para los públicos sino para el toro y para mí. A veces quería salir de la plaza y ser invisible, que nadie me viera salir y estar solito luego, quería gozar… pero la vida es así y hay que estar agradecido a los que te han seguido. He conocido a grandes aficionados y es algo que también ha desaparecido aunque hay algunas excepciones».
El currismo llega tan lejos que hay curristas que no lo han visto torear. «Creo que los abuelos y los padres han hablado tanto de mi que vienen chavales jóvenes que me piden hacerse fotos para enseñárselas a ellos. Algunos me dicen que solo me han visto en videos. Y el video vale para recordar cosas pero no es lo mismo. A mí no me gusta verme».
La última vez que lo vimos torear fue en La Algaba, el 22 de octubre de 2000. «Pensaba decir cuando me fui que a lo mejor toreaba algunos festivales benéficos pero luego dije que ni en festivales ni en el campo. Esto se ha acabado y se ha acabado. No es lo mismo una corrida de toros con un toro bello, con su trapío, que un festival o en el campo una becerra. La fuerza la tiene un animal serio, con todas sus características».
Esa legión de seguidores, los que tuvieron la fortuna de verlo torear y los que no, todavía sueñan con Curro Romero, el torero que con su muleta y su capote supo parar el tiempo.

Magnifico artículo Lorena.
No solo se torea con la espada y la muleta, también con un papel y una pluma, sentimiento y pasión.
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MUY BUEN TRABAJO LORENA FELICIDADES
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