Diez puntos de vista para desmontar la limitación del número de nazarenos en las cofradías sevillanas
«No se ha dado jamás el caso de que una hermandad haya tenido que alquilar
nazarenos». La frase la escribió Manuel Chaves Nogales en 1935 como apertura de uno
sus magníficos reportajes sobre la Semana Santa de Sevilla. En concreto, el dedicado a
Los cofrades en la intimidad. Siempre es bueno acudir a los clásicos. Mucho más si
tienen la maestría del periodista sevillano aunque sus textos sigan siendo un tesoro por
descubrir.
«El día que esto ocurriera los penitentes se convertirían en comparsas y la Semana Santa
en una mascarada» continúa Chaves Nogales. A Sevilla nunca la faltaron nazarenos
como demuestra este análisis que pronto cumplirá un siglo. Estas crónicas cofrades
cobran vigencia 87 años después. Ahora que los nazarenos tienen una revista con su
nombre hay quienes quieren condenarlos y declararlos culpables de los grandes males
de nuestra Fiesta Mayor.
Sí, algunos sostienen desde hace tiempo y otros han sugerido de forma reciente que
«sobran nazarenos». Ese podría ser el titular que se esconde tras el fantasma de la
pandemia. Han sido dos años de aforos limitados, de contar el número de comensales
hasta en las reuniones familiares. Aprovechando la coyuntura del COVID, que ha
pasado de 19 a 22, hay quien ha querido tirar más de la cuerda para intentar restringir el
número de nazarenos en las calles.
¿De verdad hay tantos nazarenos? Como decía la canción. Depende. Continuando con la
letra y para repartir entre todos un poco de jarabe de palo preguntemos que «de qué
depende» y afirmemos que «de según como se mire, todo depende». No es lo mismo
preguntárselo a una hermandad de barrio o de la Madrugá que a una del centro o de
negro que desearía contar con un puñado más de capirotes para organizar su cofradía y
repartir las insignias con desahogo. Analizaremos la cuestión desde diez puntos de vista
para ver de dónde surge la idea y llegar a alguna conclusión.


El Palacio Arzobispal
En febrero, antes de la Cuaresma de la primera Semana Santa post pandemia, el nuevo
arzobispo de Sevilla realizó unas declaraciones en los micrófonos de la radio muy
comentadas en redes sociales y foros cofrades. A pesar de su prudencia, a monseñor
José Ángel Saiz Meneses, que acababa de aterrizar en la ciudad, le llovieron las críticas
por proponer una rotación de nazarenos como solución a la saturada Semana Santa
sevillana.
Bisoñas declaraciones, que monseñor hablara de oídas o que alguien le hubiera indicado
la que era su opinión personal para que calara como una (supuesta) postura oficial. Solo
era una idea, ya que Saiz apuntó a que tendría que ser el Consejo de Hermandades y
Cofradías el que buscara la solución que para eso tenían «experiencia y buena
organización».
Se confirmaba que el nuevo arzobispo llevaba poco tiempo en la ciudad y desconocía
ciertas claves sevillanas. En poco tiempo, monseñor se puso al día. Primero felicitó al
Real Betis Balompié al proclamarse campeón de la Copa del Rey desde su cuenta de
Twitter. Después dio el visto bueno a un Santo Entierro Magno en 2023.
El Consejo de Hermandades y Cofradías
Tras ser apuntado de forma directa, el Consejo tomó el guante del eterno debate sobre
los nazarenos. Con unas elecciones a la vista que ratificaron en el cargo a Francisco
Vélez en junio, se centraron de nuevo en el conteo de penitentes en Campana.
Contar nazarenos puede servir de lo mismo que contar ovejas si no se aborda lo que
realmente importa. La cifra es útil para conocer el dato real de quienes procesionan por
la Carrera Oficial y no el número de papeletas de sitio que comunican las hermandades.
Es un dato que puede poner en evidencia los tiempos de paso, por ejemplo. Incapaces de
reunirse en tiempos de confinamiento para tratar cuestiones capitales, en sus manos se
encuentra la verdadera solución de este pretendido numerus clausus. Que la suerte nos
acompañe.


La prensa (morada)
Se puede decir que el enésimo capítulo del «caso nazarenos» resurgió en los medios de
comunicación tras las declaraciones del arzobispo. Ya teníamos tema para una
Cuaresma de incertidumbre tras dos años sin pasos en la calle. Lanzado el asunto solo
era cuestión de darle bombo y platillo a ritmo de agrupación musical. La prensa morada,
en cada entrevista a político, hermano mayor, capataz, costalero, músico, aguador o
chino que vendía sillas, preguntó por cuál era la opinión sobre limitar o no el número de
nazarenos.
A todos menos a los afectados que no tienen, que se sepa, ninguna asociación de
nazarenos unidos que los represente. Escuchamos y leímos opiniones más o menos
favorables a la reducción de los cortejos. En la prensa se planteó una encuesta que
dividió a los lectores: ¿Cree que hay que limitar el número de nazarenos en las
procesiones de la Semana Santa de Sevilla? El «sí» obtuvo un 46% de los votos. Para el
«no» había dos posibles repuestas que alcanzaron el 54% restante. En 2015, otro
periódico ya había lanzado un sondeo sobre el tema con un 68% de «noes». Lo que le
gusta una encuesta a un periodista.
Los hermanos mayores
Tras la intervención de monseñor en la radio y según avanzaba la Cuaresma 2022
surgieron otros temas de importancia cara a la Semana Santa. Después de dos años con
las túnicas guardadas en los armarios, la siguiente pregunta era evidente. ¿Cuántos
nazarenos va a sacar este año La Macarena? ¿Y el Gran Poder?
Las ganas de ir a la Catedral después del COVID se habían multiplicado como las
nóminas de algunas hermandades. Al otro lado del puente, se complicaba con la
Estrella, San Gonzalo y la Esperanza de Triana. El Amor y San Esteban también
previeron un considerable aumento. La puntilla la puso -de nuevo ante los micros
radiofónicos- José Antonio Fernández Cabrero, hermano mayor de la Macarena. A
mediados de marzo, en pleno reparto de papeletas de sitio, apuntó que su cofradía
llegaría a los 4.000 nazarenos.
La realidad es que estas cifras de catastróficas consecuencias no llegaron a cumplirse y
si lo hicieron no supusieron ninguna debacle. La nota positiva fue la firme opinión de
los hermanos mayores consultados: había que buscar soluciones alternativas. La
estación de penitencia para un hermano es un derecho y una obligación. Cuesta
imaginar quién sería el primero en proponerlo en su hermandad y mucho menos cuáles
serían las consecuencias.
La Mayordomía
Si se optara por limitar o rotar el número de nazarenos llegaríamos al punto sensible de
toda acción: la cuestión crematística. Con el dinero hemos topado. Dado que acompañar
a los titulares en la estación de penitencia es un derecho y a la vez un fin u obligación de
todo hermano, hay hermandades que tienen incluidas en sus cuotas la papeleta de sitio.
Otras tienen una limosna distinta.
Si limitamos el número para vestir la túnica, en Mayordomía tendrían un problema.
¿Qué pasaría con aquellos que quieran salir y no puedan? ¿Hay que devolver parte del
dinero? ¿Hay que hacer dos cuotas según toque salir o no en Semana Santa? ¿Tendrían
los hermanos que asumir que tienen que pagar lo mismo aunque no les dejen ser
nazarenos? ¿Habría que cambiar las Reglas de las hermandades? ¿Lloverían demandas
en los tribunales como cuando el dinero de las sillas el año de la pandemia?
Algunas preguntas con muchas respuestas. ¿Habría fuga de nazarenos a hermandades
con cortejos menos numerosos para poder vestir la túnica sin condiciones?
La estación de penitencia para un hermano es un derecho y una obligación (…) ¿Habría fuga de nazarenos a hermandades con cortejos menos numerosos para poder vestir la túnica sin condiciones?
Las Nazarenas
Llegado el momento de un supuesto límite del número de nazarenos habría que fijarse
en el impacto de género de esta medida. ¿Alguien se ha planteado cómo afectaría a las
mujeres esta limitación? Ya se sabe que cualquier decisión en la sociedad actual debe
tener en cuenta este apartado. Habría que garantizar una representación de nazarenas
igual a la de nazarenos para que la procesión se considere igualitaria.
Sería lo justo y además lo dice la Ley. ¿Solo nos vamos a acordar de las mujeres cuando
hicieron falta incrementar las nóminas de las cofradías necesitadas de hermanos? Y
añadamos la excusa utilizada entonces para vetar a las hermanas. Algunas hermandades
esgrimieron este mismo argumento: los cortejos se iban a saturar con la incorporación
de las mujeres y por algún lado había que limitar. Es curioso que nunca se hubiera
planteado esta posibilidad si, un año cualquiera, a todos los hombres en nómina se les
hubiera ocurrido sacar una papeleta de sitio en Semana Santa.



Los Diputados (mayores de gobierno)
Si se quisiera limitar el número de nazarenos habría que definir los criterios que se iban
a seguir para hacerlo. Apuntemos al Diputado Mayor de Gobierno, responsable de los
cultos externos, y pensemos en cómo se iba a decidir quién puede salir o no y el porqué:
por antigüedad, por experiencia, por participación en la vida de hermandad, la edad
(como ya se estipula en el Libro de Reglas de muchas hermandades) o sencillamente,
por qué no, por cercanía familiar o de amistad con la Junta de Gobierno.
La tesitura podría llevar a criterios dispares. Si se plantea una salida en años alternos,
¿qué pasaría si llueve? ¿Qué ocurre con aquellos hermanos que no viven en la ciudad y
su única disponibilidad y deseo es hacer estación de penitencia? ¿Podrían repetir los
diputados de tramo o rotarían cada año? ¿Afecta la alternancia al hermano mayor y
demás cargos de la junta? ¿Qué tal si hacemos rotar a los costaleros? Como nos contó
nuestro querido y recordado Bienvenido Puelles en esta misma revista hay hermandades
a las que no le faltan costaleros pero a otras, puede que sí. Con esta última opción se
acabarían las listas de espera en algunos pasos mientras creamos la lista de espera de
nazarenos.
Los cofrades
Ya hemos hablado de los sondeos realizados por los medios de comunicación para
conocer la opinión de los cofrades, pero ¿quién dice la verdad en las encuestas? Se
admite que es muy tedioso ver un cortejo de más de un millar de nazarenos desde la
cruz de guía al palio. Pero depende. Pesado para el que no es un frikicofrade al que le
gusta admirar las insignias que portan los nazarenos, auténticas obras de arte que
atesoran las cofradías. Es un clásico hacer la pegunta de qué tramo está pasando o
cuántos tramos quedan. Y es común el enfado del despistado que se dirige al nazareno y
no espera un silencio detrás del antifaz de un penitente de promesa o en una hermandad
seria o de negro. En cualquier caso, mejor si se ve el cortejo desde una silla o sillita
plegable en su defecto. El «top» está en sentarse en los palcos del Ayuntamiento.
¿Y si les preguntamos a los pequeños cofrades? La respuesta será clara. Cuantos más
nazarenos mejor. Para pedir caramelos, cera, estampitas, medallitas y cualquier día,
hasta un código QR en el que te cuenten la historia de la hermandad y puedas hacerte
hermano sobre la marcha, a pie de cofradía.
EL CECOP
«Si no queremos limitar el número de nazarenos, habrá que cambiar itinerarios y
adecuar los horarios». Son las palabras de Diego Ramos, coordinador del CECOP
(Centro de Coordinación Operativa) del Ayuntamiento de Sevilla. Directo al grano.
Justo lo que debe proponer y resolver el Consejo de Hermandades y Cofradías de
Sevilla que es quien tendría que coordinar la toma de decisiones.
Antes de que el CECOP ponga una nueva valla y decida aforar el cuerpo de nazarenos.
Antes de que sea tarde y se adopte otra brillante medida que funcionaría a la perfección
en Cuenca pero que transformaría un poco más a la cada vez más desconocida Semana
Santa de Sevilla. Más seguridad, más protección e intervención a costa de tener menos
espontaneidad y capacidad de improvisación. Todo lo que sea por controlar cómo se
manifiesta la religiosidad popular.



Los Nazarenos
Dejamos para el final a los protagonistas. No es de extrañar teniendo en cuenta que
nuestros nazarenos no tienen ni una sola referencia, ni presencia a modo de estatua en
Sevilla. Sorprende (o no) porque los nazarenos son anónimos. No disfrutan de ir debajo
del paso ni de ver a las imágenes. No reciben el aplauso del público por una chicotá o
por un interminable solo de corneta. Sin embargo, los nazarenos son los que hacen la
cofradía en la calle. ¿Cuántos monumentos en homenaje al soldado desconocido ha
visto por el mundo? Unos cuantos si ha viajado.
Cualquiera que haya vestido o vista una túnica sabe lo que piensa un nazareno de este
debate. ¿Por qué apuntan a los cirios? Son los nazarenos quienes tienen que ir de tres y
hasta de cuatro para comprimir la cofradía. Son los que soportan bullas, empujones y
pisotones, los que cumplen con las normas y reciben las indicaciones, no siempre
amables, de los diputados de tramo, con su cruz, cirio o rosario.
Es al cuerpo de nazarenos el que se sacrifica antes que a una triunfal entrada en
Campana. Los nazarenos son los que pasan calor y frío, los que aguantan parones en la
calle cuando hace falta y se mojan cuando toca. Y sin poder salir de la fila.
Nuestros nazarenos no tienen ni una sola referencia, ni presencia a modo de estatua en
Sevilla. Sorprende (o no) porque los nazarenos son anónimos.
Conclusiones
A estas alturas de artículo, ¿quién defiende que sobran nazarenos? Puede que aquellos a
los que les falta capacidad para tomar decisiones e imaginación para hacer propuestas.
Si no defendemos a los nazarenos, pieza clave de la Semana Santa de Sevilla, ¿quién
acompañará a las imágenes? Limitar el número de nazarenos no es la solución a un
problema logístico que tienen los encargados de hacer que la Semana Santa funcione
como siempre.
Cada nazareno tiene su historia. Cada uno guarda un tesoro familiar y viste la túnica por
fe, por devoción, por tradición o por afición. Todos sueñan con hacer estación de
penitencia cada año. Que le pregunten a un nazareno del Cachorro si es duro quedarse
en la Basílica un Viernes Santo. Es incomprensible crucificar a las nazarenos como
solución a los problemas de la Semana Santa en lugar de cambiar itinerarios, ampliar
horarios o modificar recorridos. Cualquier idea es buena menos apuntar al que cumple
penitencia con la cara tapada.
A Sevilla nunca le faltaron nazarenos. Como escribió Chaves Nogales, «jamás se ha
contratado a un hombre mediante estipendio para salir de nazareno. Alguna vez, cuando
más han escaseado los penitentes, como ocurrió en el segundo año de la República, lo
que se ha hecho ha sido perdonar la limosna que todo cofrade tiene que hacer para pedir
la túnica».
Quizá otro día hablemos de ello. Ahora hay que evitar que la Semana Santa de Sevilla,
como escribió nuestro periodista, se convierta en una mascarada y los penitentes en una
comparsa. Sin nazarenos no hay cofradías. Sin nazarenos no hay Semana Santa.