Joselito y la Monumental 95 años después

Parte I

Llegué a Sevilla en septiembre de 1919. Quería conocer a Joselito, aquel niño que a pesar de que lo sabía casi todo del toreo, lloró la primera vez que se vistió de torero.

Tenía que conocer al hombre por el que José Julio Lissen Hidalgo, un próspero empresario sevillano había emprendido una obra colosal que cumplía su sueño: la construcción de una plaza de Toros Monumental con capacidad suficiente no solo para acomodar a la afición sino para poner, con precios más bajos que los de la Maestranza, el espectáculo taurino al alcance de toda Sevilla.

Mi nombre es Eloise Lemmon Lissen. Nací en Nueva York pero mis antepasados son españoles. José Julio Lissen es primo de mi madre. Mi familia emigró primero a Cuba y se instaló en la isla hasta que dejó de ser española en 1898. La vida y el destino los llevaron a Nueva York. Los negocios prósperos de mi padre, me han permitido viajar a Europa a cumplir mi sueño.

Yo, como Joselito con la Monumental, quería vivir el sueño de conocer a los protagonistas de aquellas historias que me contaron de pequeña. Aquellas historias apasionantes en las que unos héroes imaginarios, a los que llamábamos toreros, se enfrentaban en un ruedo a fieras peligrosas sin más defensa que un trozo de tela, un capote y una muleta.

Cuando desembarqué en Sevilla, la ciudad estaba inmersa en la preparación de una Exposición Iberoamericana. La idea llevaba gestándose desde hacía diez años pero seguía sin fecha de celebración. La situación económica del país era mala, la Gran Guerra en Europa había afectado a la vida en España y varias circunstancias hacían de Sevilla una ciudad tan maravillosa como atrasada para la época, que intentaba dejar atrás el siglo XIX y entrar de lleno en el XX.


Con la idea de saberlo todo sobre el toreo y en especial sobre ese torero al que todos llamaban Gallito, llegué a Sevilla septiembre de 1919 para asistir a la Feria de San Miguel en la Plaza Monumental, en aquella plaza que se había inaugurado el año anterior y que había construido mi tío.

Joselito estaba anunciado las tres tardes de la feria. Esa temporada de 1919 también lo vi hacer el paseíllo en la plaza Monumental el 30 de octubre, en la corrida de la Macarena, la Virgen en la que el torero tenía puesta toda su fe y devoción.

Le seguí a todas las plazas como si fuera un revistero, un crítico taurino, dispuesto a escribir de sus faenas con la diferencia de que lo que yo quería era aprender. Lo seguí en las veinte corridas que toreó en el año de 1920. Estuve tres tardes en la Maestranza y otras tres en La Monumental en el mes de abril, luego viajé a Madrid, a Murcia, Játiva, Andújar, Jerez de la Frontera, Bilbao, Barcelona, Écija y Valencia.

Como he dicho, estuve en Madrid el 15 de mayo de 1920. Fue un día en el que público protestó con fuerza a los toreros. Y también estuve aquel día en que cambió todo. Aquel 16 de mayo de 1920 en Talavera de la Reina. Quise aprender todo sobre el arte del toreo siguiendo al Rey de los Toreros, al más grande de esos héroes imaginarios de mi infancia, al que, hecho realidad, vi morir en la plaza. Un año después de llegar a Sevilla, creo que es el momento de contar lo que vi, lo que escuché, y sobre todo, lo que sentí cuando me adentré en el mundo taurino. No se me ha ocurrido mejor forma que escribirle una carta a Rafael el Gallo. Una carta que no sé si algún día me atreveré a enviarle.

Pregón taurino Tertulia Taurina Macarena (12 de abril de 2015)

4 comentarios sobre “Joselito y la Monumental 95 años después

Deja un comentario