Como un suspiro han pasado cinco días. Casi sin darnos cuenta, ya es Viernes Santo. Ese día en el que Sevilla amanece con el gozo de su Madrugá más larga y anochece con la nostalgia de los momentos vividos. Ese día en el que aquella ilusión que nos iluminó el Domingo de Ramos se torna en luz mortecina que abre la puerta al recuerdo de lo que ha ocurrido.
Escribió un poeta que no recordamos días, recordamos momentos. Y así lo pregonó Antonio Burgos:
«No hay una sola Semana Santa. Hay tantas como sevillanos salen a ver las cofradías. Días de encuentro con Dios en la inmensa soledad de la bulla. Nunca se está más solo que soñando los propios recuerdos en una calle llena de gente para ver pasar esa cofradía que es parte de tu propia vida».
Las cofradías de mi vida, la de los recuerdos de mi infancia, están al otro lado del puente. Al final de la calle Castilla, en el Patrocinio, donde la Virgen sin lágrimas llora la perfección del Cachorro que exhala su último suspiro por el Puente de Triana. Y en la parroquia trianera de la que salen los únicos nazarenos de cola, está también mi Viernes Santo. Detrás de un palio de recogida, cuando metido en la curva de Callao, suena Callejuelas de la O. Cuando la única luz de la noche es la de los cirios que comparten con el Jorobaito su pesada cruz de carey.
Con los años, saliendo a ver cofradías, descubrí ese encuentro con Dios en más recuerdos, más momentos, más vivencias. En la salida imposible del imponente paso de misterio del Señor de la Salud a la calle Real de la Carretería, una hermandad que comparte su clasicismo romántico con la Soledad de San Buenaventura. Lo percibo en la solitaria cruz que va dejando un perfume de rosas desde Carlos Cañal a la Campana cuando cruza la Plaza Nueva.
Encuentro mi Viernes Santo en el silencio de las Tres Caídas de San Isidoro enfilando Placentines, en el palio de tisú de oro, de la Virgen de Loreto, subiendo por la Cuesta del Rosario, solo unas horas después de que Triana también haya caído tres veces para inundar a Sevilla de Esperanza.
Descubrí que hay más Viernes Santo en la Plaza de Molviedro, donde vive Jesús Despojado, que cinco días atrás nos recibió con júbilo de palmas rizadas. El crucificado de Juan de Mesa busca el camino a la Magdalena con los sones de Triana y el palio de crestería de la Virgen de Montserrat nos eleva con Margot, la ópera sublime de Joaquín Turina que interpreta Tejera. Todo eso ocurre justo antes de escuchar el tañir de la campana que porta el muñidor de la Mortaja, al que descubro en la oscuridad de Bustos Tavera.
Así es la Semana Santa de mis recuerdos, cuando sueño con ese día tan mágico como triste que es el Viernes Santo. La tristeza porque todo se acaba o porque la lluvia ha impuesto otra penitencia que no es la de hacer estación a la Santa Iglesia Catedral. Con los años, comprendí que esa soledad de la bulla que vivía en mi Viernes Santo no muere en Triana con el Cachorro agonizante, sino que despierta, como siempre, con la luz de vida del Domingo de Resurrección.
Artículo original publicado en la Revista Cuaresma (2017)
Diez puntos de vista para desmontar la limitación del número de nazarenos en las cofradías sevillanas
«No se ha dado jamás el caso de que una hermandad haya tenido que alquilar nazarenos». La frase la escribió Manuel Chaves Nogales en 1935 como apertura de uno sus magníficos reportajes sobre la Semana Santa de Sevilla. En concreto, el dedicado a Los cofrades en la intimidad. Siempre es bueno acudir a los clásicos. Mucho más si tienen la maestría del periodista sevillano aunque sus textos sigan siendo un tesoro por descubrir.
«El día que esto ocurriera los penitentes se convertirían en comparsas y la Semana Santa en una mascarada» continúa Chaves Nogales. A Sevilla nunca la faltaron nazarenos como demuestra este análisis que pronto cumplirá un siglo. Estas crónicas cofrades cobran vigencia 87 años después. Ahora que los nazarenos tienen una revista con su nombre hay quienes quieren condenarlos y declararlos culpables de los grandes males de nuestra Fiesta Mayor. Sí, algunos sostienen desde hace tiempo y otros han sugerido de forma reciente que «sobran nazarenos». Ese podría ser el titular que se esconde tras el fantasma de la pandemia. Han sido dos años de aforos limitados, de contar el número de comensales hasta en las reuniones familiares. Aprovechando la coyuntura del COVID, que ha pasado de 19 a 22, hay quien ha querido tirar más de la cuerda para intentar restringir el número de nazarenos en las calles.
¿De verdad hay tantos nazarenos? Como decía la canción. Depende. Continuando con la letra y para repartir entre todos un poco de jarabe de palo preguntemos que «de qué depende» y afirmemos que «de según como se mire, todo depende». No es lo mismo preguntárselo a una hermandad de barrio o de la Madrugá que a una del centro o de negro que desearía contar con un puñado más de capirotes para organizar su cofradía y repartir las insignias con desahogo. Analizaremos la cuestión desde diez puntos de vista para ver de dónde surge la idea y llegar a alguna conclusión.
El Palacio Arzobispal En febrero, antes de la Cuaresma de la primera Semana Santa post pandemia, el nuevo arzobispo de Sevilla realizó unas declaraciones en los micrófonos de la radio muy comentadas en redes sociales y foros cofrades. A pesar de su prudencia, a monseñor José Ángel Saiz Meneses, que acababa de aterrizar en la ciudad, le llovieron las críticas por proponer una rotación de nazarenos como solución a la saturada Semana Santa sevillana. Bisoñas declaraciones, que monseñor hablara de oídas o que alguien le hubiera indicado la que era su opinión personal para que calara como una (supuesta) postura oficial. Solo era una idea, ya que Saiz apuntó a que tendría que ser el Consejo de Hermandades y Cofradías el que buscara la solución que para eso tenían «experiencia y buena organización».
Se confirmaba que el nuevo arzobispo llevaba poco tiempo en la ciudad y desconocía ciertas claves sevillanas. En poco tiempo, monseñor se puso al día. Primero felicitó al Real Betis Balompié al proclamarse campeón de la Copa del Rey desde su cuenta de Twitter. Después dio el visto bueno a un Santo Entierro Magno en 2023.
El Consejo de Hermandades y Cofradías Tras ser apuntado de forma directa, el Consejo tomó el guante del eterno debate sobre los nazarenos. Con unas elecciones a la vista que ratificaron en el cargo a Francisco Vélez en junio, se centraron de nuevo en el conteo de penitentes en Campana. Contar nazarenos puede servir de lo mismo que contar ovejas si no se aborda lo que realmente importa. La cifra es útil para conocer el dato real de quienes procesionan por la Carrera Oficial y no el número de papeletas de sitio que comunican las hermandades. Es un dato que puede poner en evidencia los tiempos de paso, por ejemplo. Incapaces de reunirse en tiempos de confinamiento para tratar cuestiones capitales, en sus manos se encuentra la verdadera solución de este pretendido numerus clausus. Que la suerte nos acompañe.
La prensa (morada) Se puede decir que el enésimo capítulo del «caso nazarenos» resurgió en los medios de comunicación tras las declaraciones del arzobispo. Ya teníamos tema para una Cuaresma de incertidumbre tras dos años sin pasos en la calle. Lanzado el asunto solo era cuestión de darle bombo y platillo a ritmo de agrupación musical. La prensa morada, en cada entrevista a político, hermano mayor, capataz, costalero, músico, aguador o chino que vendía sillas, preguntó por cuál era la opinión sobre limitar o no el número de nazarenos. A todos menos a los afectados que no tienen, que se sepa, ninguna asociación de nazarenos unidos que los represente. Escuchamos y leímos opiniones más o menos favorables a la reducción de los cortejos. En la prensa se planteó una encuesta que dividió a los lectores: ¿Cree que hay que limitar el número de nazarenos en las procesiones de la Semana Santa de Sevilla? El «sí» obtuvo un 46% de los votos. Para el «no» había dos posibles repuestas que alcanzaron el 54% restante. En 2015, otro periódico ya había lanzado un sondeo sobre el tema con un 68% de «noes». Lo que le gusta una encuesta a un periodista.
Los hermanos mayores Tras la intervención de monseñor en la radio y según avanzaba la Cuaresma 2022 surgieron otros temas de importancia cara a la Semana Santa. Después de dos años con las túnicas guardadas en los armarios, la siguiente pregunta era evidente. ¿Cuántos nazarenos va a sacar este año La Macarena? ¿Y el Gran Poder? Las ganas de ir a la Catedral después del COVID se habían multiplicado como las nóminas de algunas hermandades. Al otro lado del puente, se complicaba con la Estrella, San Gonzalo y la Esperanza de Triana. El Amor y San Esteban también previeron un considerable aumento. La puntilla la puso -de nuevo ante los micros radiofónicos- José Antonio Fernández Cabrero, hermano mayor de la Macarena. A mediados de marzo, en pleno reparto de papeletas de sitio, apuntó que su cofradía llegaría a los 4.000 nazarenos.
La realidad es que estas cifras de catastróficas consecuencias no llegaron a cumplirse y si lo hicieron no supusieron ninguna debacle. La nota positiva fue la firme opinión de los hermanos mayores consultados: había que buscar soluciones alternativas. La estación de penitencia para un hermano es un derecho y una obligación. Cuesta imaginar quién sería el primero en proponerlo en su hermandad y mucho menos cuáles serían las consecuencias.
La Mayordomía Si se optara por limitar o rotar el número de nazarenos llegaríamos al punto sensible de toda acción: la cuestión crematística. Con el dinero hemos topado. Dado que acompañar a los titulares en la estación de penitencia es un derecho y a la vez un fin u obligación de todo hermano, hay hermandades que tienen incluidas en sus cuotas la papeleta de sitio. Otras tienen una limosna distinta. Si limitamos el número para vestir la túnica, en Mayordomía tendrían un problema. ¿Qué pasaría con aquellos que quieran salir y no puedan? ¿Hay que devolver parte del dinero? ¿Hay que hacer dos cuotas según toque salir o no en Semana Santa? ¿Tendrían los hermanos que asumir que tienen que pagar lo mismo aunque no les dejen ser nazarenos? ¿Habría que cambiar las Reglas de las hermandades? ¿Lloverían demandas en los tribunales como cuando el dinero de las sillas el año de la pandemia? Algunas preguntas con muchas respuestas. ¿Habría fuga de nazarenos a hermandades con cortejos menos numerosos para poder vestir la túnica sin condiciones?
La estación de penitencia para un hermano es un derecho y una obligación (…) ¿Habría fuga de nazarenos a hermandades con cortejos menos numerosos para poder vestir la túnica sin condiciones?
Las Nazarenas Llegado el momento de un supuesto límite del número de nazarenos habría que fijarse en el impacto de género de esta medida. ¿Alguien se ha planteado cómo afectaría a las mujeres esta limitación? Ya se sabe que cualquier decisión en la sociedad actual debe tener en cuenta este apartado. Habría que garantizar una representación de nazarenas igual a la de nazarenos para que la procesión se considere igualitaria. Sería lo justo y además lo dice la Ley. ¿Solo nos vamos a acordar de las mujeres cuando hicieron falta incrementar las nóminas de las cofradías necesitadas de hermanos? Y añadamos la excusa utilizada entonces para vetar a las hermanas. Algunas hermandades esgrimieron este mismo argumento: los cortejos se iban a saturar con la incorporación de las mujeres y por algún lado había que limitar. Es curioso que nunca se hubiera planteado esta posibilidad si, un año cualquiera, a todos los hombres en nómina se les hubiera ocurrido sacar una papeleta de sitio en Semana Santa.
Los Diputados (mayores de gobierno) Si se quisiera limitar el número de nazarenos habría que definir los criterios que se iban a seguir para hacerlo. Apuntemos al Diputado Mayor de Gobierno, responsable de los cultos externos, y pensemos en cómo se iba a decidir quién puede salir o no y el porqué: por antigüedad, por experiencia, por participación en la vida de hermandad, la edad (como ya se estipula en el Libro de Reglas de muchas hermandades) o sencillamente, por qué no, por cercanía familiar o de amistad con la Junta de Gobierno. La tesitura podría llevar a criterios dispares. Si se plantea una salida en años alternos, ¿qué pasaría si llueve? ¿Qué ocurre con aquellos hermanos que no viven en la ciudad y su única disponibilidad y deseo es hacer estación de penitencia? ¿Podrían repetir los diputados de tramo o rotarían cada año? ¿Afecta la alternancia al hermano mayor y
demás cargos de la junta? ¿Qué tal si hacemos rotar a los costaleros? Como nos contó nuestro querido y recordado Bienvenido Puelles en esta misma revista hay hermandades a las que no le faltan costaleros pero a otras, puede que sí. Con esta última opción se acabarían las listas de espera en algunos pasos mientras creamos la lista de espera de nazarenos.
Los cofrades Ya hemos hablado de los sondeos realizados por los medios de comunicación para conocer la opinión de los cofrades, pero ¿quién dice la verdad en las encuestas? Se admite que es muy tedioso ver un cortejo de más de un millar de nazarenos desde la cruz de guía al palio. Pero depende. Pesado para el que no es un frikicofrade al que le gusta admirar las insignias que portan los nazarenos, auténticas obras de arte que atesoran las cofradías. Es un clásico hacer la pegunta de qué tramo está pasando o cuántos tramos quedan. Y es común el enfado del despistado que se dirige al nazareno y no espera un silencio detrás del antifaz de un penitente de promesa o en una hermandad seria o de negro. En cualquier caso, mejor si se ve el cortejo desde una silla o sillita plegable en su defecto. El «top» está en sentarse en los palcos del Ayuntamiento. ¿Y si les preguntamos a los pequeños cofrades? La respuesta será clara. Cuantos más nazarenos mejor. Para pedir caramelos, cera, estampitas, medallitas y cualquier día, hasta un código QR en el que te cuenten la historia de la hermandad y puedas hacerte hermano sobre la marcha, a pie de cofradía.
EL CECOP «Si no queremos limitar el número de nazarenos, habrá que cambiar itinerarios y adecuar los horarios». Son las palabras de Diego Ramos, coordinador del CECOP (Centro de Coordinación Operativa) del Ayuntamiento de Sevilla. Directo al grano. Justo lo que debe proponer y resolver el Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla que es quien tendría que coordinar la toma de decisiones. Antes de que el CECOP ponga una nueva valla y decida aforar el cuerpo de nazarenos. Antes de que sea tarde y se adopte otra brillante medida que funcionaría a la perfección en Cuenca pero que transformaría un poco más a la cada vez más desconocida Semana Santa de Sevilla. Más seguridad, más protección e intervención a costa de tener menos espontaneidad y capacidad de improvisación. Todo lo que sea por controlar cómo se manifiesta la religiosidad popular.
Los Nazarenos Dejamos para el final a los protagonistas. No es de extrañar teniendo en cuenta que nuestros nazarenos no tienen ni una sola referencia, ni presencia a modo de estatua en Sevilla. Sorprende (o no) porque los nazarenos son anónimos. No disfrutan de ir debajo del paso ni de ver a las imágenes. No reciben el aplauso del público por una chicotá o por un interminable solo de corneta. Sin embargo, los nazarenos son los que hacen la cofradía en la calle. ¿Cuántos monumentos en homenaje al soldado desconocido ha visto por el mundo? Unos cuantos si ha viajado. Cualquiera que haya vestido o vista una túnica sabe lo que piensa un nazareno de este debate. ¿Por qué apuntan a los cirios? Son los nazarenos quienes tienen que ir de tres y hasta de cuatro para comprimir la cofradía. Son los que soportan bullas, empujones y pisotones, los que cumplen con las normas y reciben las indicaciones, no siempre amables, de los diputados de tramo, con su cruz, cirio o rosario. Es al cuerpo de nazarenos el que se sacrifica antes que a una triunfal entrada en Campana. Los nazarenos son los que pasan calor y frío, los que aguantan parones en la calle cuando hace falta y se mojan cuando toca. Y sin poder salir de la fila.
Nuestros nazarenos no tienen ni una sola referencia, ni presencia a modo de estatua en Sevilla. Sorprende (o no) porque los nazarenos son anónimos.
Conclusiones A estas alturas de artículo, ¿quién defiende que sobran nazarenos? Puede que aquellos a los que les falta capacidad para tomar decisiones e imaginación para hacer propuestas. Si no defendemos a los nazarenos, pieza clave de la Semana Santa de Sevilla, ¿quién acompañará a las imágenes? Limitar el número de nazarenos no es la solución a un problema logístico que tienen los encargados de hacer que la Semana Santa funcione como siempre. Cada nazareno tiene su historia. Cada uno guarda un tesoro familiar y viste la túnica por fe, por devoción, por tradición o por afición. Todos sueñan con hacer estación de penitencia cada año. Que le pregunten a un nazareno del Cachorro si es duro quedarse en la Basílica un Viernes Santo. Es incomprensible crucificar a las nazarenos como solución a los problemas de la Semana Santa en lugar de cambiar itinerarios, ampliar horarios o modificar recorridos. Cualquier idea es buena menos apuntar al que cumple penitencia con la cara tapada. A Sevilla nunca le faltaron nazarenos. Como escribió Chaves Nogales, «jamás se ha contratado a un hombre mediante estipendio para salir de nazareno. Alguna vez, cuando más han escaseado los penitentes, como ocurrió en el segundo año de la República, lo que se ha hecho ha sido perdonar la limosna que todo cofrade tiene que hacer para pedir la túnica». Quizá otro día hablemos de ello. Ahora hay que evitar que la Semana Santa de Sevilla, como escribió nuestro periodista, se convierta en una mascarada y los penitentes en una comparsa. Sin nazarenos no hay cofradías. Sin nazarenos no hay Semana Santa.